Estudio revela que canguros gigantes antiguos podían saltar en ráfagas

Nueva investigación cuestiona la idea de que los canguros masivos de la Edad de Hielo eran demasiado pesados para saltar. Los científicos hallaron que estos animales, que pesaban hasta 250 kilogramos, tenían huesos de las patas y tendones capaces de soportar breves ráfagas de saltos. Esta habilidad probablemente les ayudó a evadir a los depredadores.

Un estudio publicado en Scientific Reports indica que los canguros gigantes extintos de la época del Pleistoceno, que se extendió desde hace 2,6 millones hasta 11.700 años, poseían la capacidad biomecánica para saltar a pesar de su enorme tamaño. Los investigadores Megan E. Jones, Katrina Jones y Robert L. Nudds analizaron las extremidades posteriores de 94 especímenes modernos de canguros y wallabies, junto con 40 fósiles de 63 especies, incluido el género Protemnodon. El equipo se centró en el cuarto metatarso, un hueso del pie crucial para saltar en los canguros contemporáneos. Al medir su longitud y diámetro en relación con estimaciones del peso corporal, determinaron que estos huesos podían soportar las tensiones del salto. Además, las comparaciones de los huesos del talón sugirieron que los tendones de Aquiles en los canguros gigantes eran lo suficientemente robustos para manejar las fuerzas implicadas. Estudios previos habían afirmado que los canguros que superaban los 160 kilogramos carecían de fuerza en el tobillo para dicho movimiento, retratándolos como lentos y anclados al suelo. Sin embargo, esta nueva evidencia demuestra que sus extremidades posteriores estaban equipadas mecánicamente para saltos ocasionales, aunque no para desplazamientos sostenidos, que habrían sido ineficientes para cuerpos tan grandes. Los autores proponen que ráfagas breves de saltos tenían un propósito defensivo, permitiendo a estos animales huir de amenazas como el extinto león marsupial Thylacoleo. Observaciones de saltos en especies modernas más pequeñas, como roedores y marsupiales, respaldan la plausibilidad de este comportamiento en los gigantes. Este hallazgo reformula nuestra comprensión de cómo estos megafauna del Pleistoceno navegaban su entorno, destacando la adaptabilidad en la locomoción en un paisaje de la Edad de Hielo cambiante. La investigación subraya la importancia del análisis de fósiles para descubrir comportamientos perdidos, ofreciendo perspectivas sobre las presiones evolutivas en los antiguos marsupiales.

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