Un nuevo análisis de huesos fósiles sugiere que los canguros gigantes extintos de Australia, antes considerados demasiado voluminosos para saltar, podrían haber saltado al fin y al cabo. Los investigadores encontraron adaptaciones en la estructura de sus patas que podrían resistir las tensiones del salto. Estos hallazgos desafían suposiciones mantenidas durante mucho tiempo sobre la locomoción de estos masivos marsupiales.
Los canguros gigantes de la era del Pleistoceno en Australia, conocidos como estenurinos, pesaban más del doble que los canguros rojos modernos, siendo la especie más grande, Procoptodon goliah, de unos 250 kilogramos y con 2 metros de altura. Estos animales se extinguieron hace unos 40.000 años. Durante años, los científicos creyeron que su volumen impedía el salto, obligándolos a caminar de forma bípeda como los humanos. Sin embargo, un estudio dirigido por Megan Jones en la University of Manchester en el Reino Unido ha descubierto evidencia en contra. Al examinar huesos de patas de 67 especies de macrópodos —que abarcan canguros modernos, wallabies y gigantes extintos—, Jones y su equipo midieron el fémur, la tibia y el calcáneo, el hueso donde se une el tendón de Aquiles. Estimaron los tamaños de los tendones y las fuerzas que estas estructuras podían soportar. En los canguros modernos, el tendón de Aquiles funciona cerca de su punto de ruptura para almacenar energía elástica en saltos eficientes, una característica que fallaría si se escalara simplemente a proporciones gigantes. No obstante, los canguros antiguos evolucionaron rasgos distintos, como pies más cortos y un calcáneo más ancho, que ayudaron a sus huesos a resistir la flexión durante el salto y a soportar tendones más grandes capaces de manejar las cargas necesarias. «Es evidencia de que no estaban mecánicamente impedidos para saltar», explica Jones. «Si saltaban o no es otra cuestión». Ella sugiere que el salto podría haber servido para ráfagas breves de velocidad en lugar de para el desplazamiento principal. Esta investigación se alinea con una visión creciente de la locomoción de los canguros como altamente adaptable. Benjamin Kear, de la Universidad de Uppsala en Suecia, señala que tal flexibilidad en las zancadas ha impulsado el éxito evolutivo de los macrópodos durante millones de años. Hoy, los canguros rojos pueden caminar usando la cola como quinta extremidad, mientras que los canguros arborícolas emplean una variedad de movimientos, desde saltos a caminar cuanrupedalmente. El estudio, publicado en Research Square, destaca cómo estos gigantes extintos encajan en esta familia versátil.