Mandíbulas fósiles revelan que los pulpos gigantes ancestrales eran superdepredadores

Investigadores han descubierto pruebas de que los pulpos del Cretácico Superior, hace unos 100 millones de años, alcanzaban longitudes de casi 20 metros y cazaban como superdepredadores. Los hallazgos, basados en mandíbulas fósiles bien conservadas de Japón y la isla de Vancouver, desafían las perspectivas anteriores sobre la evolución temprana de los pulpos. El profesor Yasuhiro Iba, de la Universidad de Hokkaido, dirigió el estudio, publicado en Science el 23 de abril.

Científicos de la Universidad de Hokkaido analizaron mandíbulas fosilizadas incrustadas en rocas del Cretácico Superior, que datan de entre 100 y 72 millones de años. Mediante tomografía de alta resolución y un modelo de inteligencia artificial, examinaron especímenes de un grupo extinto de pulpos con aletas llamado Cirrata. Las mandíbulas mostraban un desgaste extenso —astillamiento, arañazos y pulido—, lo que indica mordeduras potentes utilizadas para triturar presas con caparazón duro, superando con creces lo observado en los cefalópodos modernos. Los patrones de desgaste desigual sugirieron lateralización, un rasgo relacionado con una función cerebral avanzada en los animales contemporáneos. El profesor Yasuhiro Iba afirmó: 'Nuestros hallazgos sugieren que los primeros pulpos eran depredadores gigantes que ocupaban la cima de la cadena alimentaria marina en el Cretácico'. Señaló que estas criaturas pudieron alcanzar longitudes totales de hasta casi 20 metros, superando potencialmente a los grandes reptiles marinos de la época. Iba añadió: 'Quizás el hallazgo más sorprendente fue el grado de desgaste en las mandíbulas', con hasta un 10 % de la punta de la mandíbula desgastada en especímenes maduros, lo que apunta a interacciones contundentes y repetidas con las presas. El descubrimiento retrasa los orígenes conocidos de los pulpos con aletas en unos 15 millones de años y los de los pulpos en general en unos 5 millones de años. Proporciona la primera prueba directa de que los invertebrados pudieron convertirse en superdepredadores gigantes e inteligentes en océanos dominados por vertebrados. Iba explicó: 'Las mandíbulas potentes y la pérdida de esqueletos superficiales... fueron esenciales para convertirse en enormes depredadores marinos inteligentes'. Esta investigación destaca nuevas técnicas digitales para descubrir fósiles ocultos, lo que podría revelar más información sobre los ecosistemas marinos antiguos.

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