Investigadores de la Universidad Edith Cowan han descubierto que variar la intensidad del entrenamiento puede alterar la composición de las bacterias intestinales en los atletas. El estudio destaca cómo los entrenamientos intensos influyen en el equilibrio microbiano, mientras que los periodos de descanso provocan cambios dietéticos y una digestión más lenta. Estos hallazgos sugieren posibles vínculos entre la salud intestinal y el rendimiento atlético.
Un estudio dirigido por la candidata a doctora, la Sra. Bronwen Charlesson, en la Universidad Edith Cowan, examinó los efectos de diferentes cargas de entrenamiento en el microbioma intestinal de atletas de remo altamente entrenados. La investigación, publicada en el Journal of the International Society of Sports Nutrition en 2025, encontró que los atletas exhiben un microbioma intestinal distinto al de la población general. Esto incluye mayores concentraciones de ácidos grasos de cadena corta, mayor diversidad alfa, mayor abundancia de algunas bacterias y menor abundancia de otras. Ms. Charlesson señaló: «Basándonos en investigaciones previas, parece que los atletas tienen un microbioma intestinal diferente en comparación con la población general. Esto incluye mayores concentraciones totales de ácidos grasos de cadena corta, diversidad alfa, una mayor abundancia de algunas bacterias y una menor abundancia de otras». La investigación reveló que la intensidad del entrenamiento se correlaciona directamente con cambios en los marcadores de salud intestinal. Durante periodos de alta intensidad, se observaron cambios en los niveles de ácidos grasos de cadena corta y especies bacterianas. Un mecanismo potencial implica el lactato producido durante el ejercicio intenso, que puede viajar al intestino y promover el crecimiento de bacterias específicas, remodelando así el entorno microbiano. En contraste, las cargas de entrenamiento bajas o los periodos de descanso trajeron cambios notables. Los atletas relajaron sus dietas, lo que llevó a una disminución en la calidad de la comida a pesar de un consumo estable de carbohidratos y fibra. Esto incluyó aumentos en comidas rápidas procesadas, disminuciones en frutas y verduras frescas, y un aumento moderado en el consumo de alcohol. La Sra. Charlesson explicó: «Durante los periodos de baja carga de entrenamiento, o de descanso, los atletas suelen ser más relajados con sus dietas... Estos cambios sí impactaron en la composición del microbioma intestinal». Además, los tiempos de tránsito intestinal se ralentizaron significativamente durante estas fases de descanso, afectando aún más el microbioma. El estudio, con autores B. Charlesson, J. Jones, C. Abbiss, P. Peeling, S. Watts y C.T. Christophersen, subraya la interacción entre entrenamiento, dieta y digestión. Aunque el impacto completo en el rendimiento aún está en exploración, el intestino puede ayudar en el procesamiento del lactato y la regulación del pH, potencialmente influyendo en la recuperación y el rendimiento. Se necesita más investigación para aclarar estas interacciones con el fin de optimizar las rutinas de los atletas.