Un nuevo estudio revela que el daño de la quimioterapia en el revestimiento intestinal reconfigura inesperadamente la microbiota, produciendo un compuesto que fortalece las defensas inmunitarias contra la propagación del cáncer. Este proceso reduce las células inmunosupresoras y mejora la resistencia a la metástasis, particularmente en el hígado. Datos de pacientes vinculan niveles más altos de este compuesto con una mejor supervivencia en casos de cáncer colorrectal.
La quimioterapia, notoria por sus duros efectos secundarios en el sistema digestivo, puede tener un beneficio imprevisto en la lucha contra la progresión del cáncer. La investigación muestra que el tratamiento daña el revestimiento intestinal, lo que interrumpe la disponibilidad de nutrientes y provoca cambios en la composición de las bacterias intestinales. Estos cambios conducen a un aumento en la producción de ácido indol-3-propiónico (IPA), un metabolito derivado del aminoácido triptófano. El IPA circula por el torrente sanguíneo hasta la médula ósea, donde influye en el desarrollo de las células inmunitarias. Específicamente, modifica la mielopoyesis, disminuyendo el número de monocitos inmunosupresores que típicamente ayudan a las células cancerosas a evadir la detección y fomentar el crecimiento metastásico. «Nos sorprendió cómo un efecto secundario a menudo visto como daño colateral de la quimioterapia puede desencadenar una respuesta sistémica tan estructurada. Al remodelar la microbiota intestinal, la quimioterapia inicia una cascada de eventos que reconfigura la inmunidad y hace que el cuerpo sea menos permisivo para la metástasis», afirmó Ludivine Bersier, primera autora del estudio. Este cambio inmunitario mejora la función de las células T y altera las interacciones en sitios metastásicos potenciales, creando un entorno resistente a la colonización tumoral, especialmente en el hígado. Los modelos preclínicos demuestran estos efectos con claridad. La evidencia de apoyo proviene de datos clínicos recopilados en colaboración con el Dr. Thibaud Koessler en los Hospitales Universitarios de Ginebra. En pacientes con cáncer colorrectal, niveles elevados de IPA después de la quimioterapia se correlacionaron con menos monocitos y mejores tasas de supervivencia. «Este trabajo muestra que los efectos de la quimioterapia se extienden mucho más allá del tumor en sí. Al descubrir un eje funcional que vincula el intestino, la médula ósea y los sitios metastásicos, destacamos mecanismos sistémicos que podrían aprovecharse para limitar de manera duradera la progresión metastásica», comentó Tatiana Petrova, autora principal. Financiado por organizaciones como la Fundación Nacional Suiza de la Ciencia y la Liga Suiza contra el Cáncer, el estudio sugiere potencial para metabolitos derivados de la microbiota en la mejora de los tratamientos contra el cáncer. Publicado en Nature Communications en 2025, propone un eje intestino-médula ósea-hígado que podría explicar los efectos antimetastásicos a largo plazo de la quimioterapia.