Investigadores de la Universidad de Newcastle han descubierto que solo 10 minutos de ejercicio intenso pueden liberar moléculas en el torrente sanguíneo que promueven la reparación del ADN e inhiben el crecimiento de células de cáncer de intestino. El estudio, con 30 adultos mayores, mostró cambios genéticos significativos en células cancerosas expuestas a sangre post-ejercicio. Estos hallazgos sugieren que el ejercicio podría inspirar nuevas terapias contra el cáncer.
Un nuevo estudio de la Universidad de Newcastle revela que una actividad física breve y vigorosa puede ofrecer efectos protectores contra el cáncer. Publicado en el International Journal of Cancer en 2025, el investigación demuestra cómo 10 minutos de ejercicio intenso altera la composición molecular del torrente sanguíneo para influir en genes relacionados con el cáncer. El experimento involucró a 30 voluntarios —hombres y mujeres de 50 a 78 años con sobrepeso u obesidad pero sanos en otros aspectos—. Cada participante completó una sesión intensa de ciclismo de 10 minutos. Las muestras de sangre tomadas después se analizaron para 249 proteínas, de las cuales 13 mostraron niveles aumentados, incluyendo interleucina-6 (IL-6), que ayuda a la reparación del ADN. Cuando estas muestras de sangre post-ejercicio se aplicaron a células de cáncer de intestino en un laboratorio, más de 1300 genes alteraron su actividad. Los genes que apoyan el metabolismo energético mitocondrial y la reparación del ADN —como el gen clave PNKP— se volvieron más activos, ayudando a las células a usar el oxígeno de manera eficiente. Por el contrario, los genes que promueven la división celular rápida, que alimentan la agresividad del cáncer, fueron suprimidos. La autora principal, la Dra. Sam Orange, lectora senior en fisiología del ejercicio clínico en la Universidad de Newcastle, destacó las implicaciones: «Lo notable es que el ejercicio no solo beneficia a los tejidos sanos, sino que envía señales potentes a través del torrente sanguíneo que pueden influir directamente en miles de genes en células cancerosas». Añadió: «Es un hallazgo emocionante porque abre la puerta a encontrar formas de imitar o potenciar los efectos biológicos del ejercicio, mejorando potencialmente el tratamiento del cáncer y, crucialmente, los resultados de los pacientes». El cáncer de intestino ocupa el cuarto lugar como el más común en el Reino Unido, con casi 44000 diagnósticos anuales —uno cada 12 minutos— y una muerte cada 30 minutos. Se estima que la actividad física regular reduce este riesgo en alrededor del 20%, a través de actividades como caminar, montar en bicicleta, jardinería o limpieza, no solo entrenamientos en el gimnasio. La Dra. Orange enfatizó la accesibilidad: «Incluso un solo entrenamiento puede marcar la diferencia. Una sola sesión de ejercicio, de solo 10 minutos, envía señales potentes al cuerpo». La investigación futura explorará efectos a largo plazo e interacciones con tratamientos como quimioterapia y radioterapia, potencialmente llevando a terapias que repliquen los beneficios del ejercicio.