Tesla ha iniciado pruebas de su servicio Robotaxi en Austin, Texas, etiquetándolas como sin supervisión. Sin embargo, informes indican que aún hay supervisores humanos involucrados, siguiendo los vehículos desde coches de seguimiento. Los críticos argumentan que esta configuración introduce nuevos riesgos de seguridad al sobrecargar potencialmente a los supervisores remotos.
Tesla ha lanzado recientemente lo que denomina pruebas de Robotaxi sin supervisión en Austin, marcando un paso hacia el servicio de transporte compartido totalmente autónomo. Según la compañía, estas operaciones representan un avance en la tecnología de conducción autónoma. Sin embargo, detalles de la información de Electrek revelan que los vehículos no operan verdaderamente sin supervisión; en su lugar, son monitoreados de cerca desde coches Tesla negros que los siguen, listos para intervenir si es necesario. Videos compartidos en X capturan dos Robotaxi navegando por las calles de la ciudad, perseguidos por estos vehículos de apoyo. Esta disposición plantea interrogantes sobre el nivel de autonomía alcanzado. Un comentarista de Electrek destacó el problema potencial: «A menos que haya dos personas en el coche de seguimiento, han introducido un nuevo problema de seguridad donde una persona necesita supervisar dos coches simultáneamente». La distinción es crucial para generar confianza entre los usuarios potenciales. Preocupaciones similares han acompañado al software Full Self-Driving de Tesla, con funcionarios federales de seguridad advirtiendo que las actualizaciones podrían llevar a los conductores a sobreestimar las capacidades del sistema, a pesar de la necesidad continua de supervisión humana. El historial de seguridad de Tesla muestra fortalezas, como el fuerte rendimiento del Model Y en pruebas independientes europeas de asistencia de seguridad, pero las incertidumbres en torno a las funciones autónomas podrían erosionar la confianza del consumidor. Este desarrollo se produce en medio de un mayor escrutinio regulatorio. Las agencias de seguridad están examinando cómo funcionan los sistemas autónomos y de asistencia al conductor en escenarios del mundo real, instando a los fabricantes de automóviles a describir estas características con mayor precisión. Por ahora, las pruebas subrayan que la tecnología actual aún depende de la intervención humana, aunque sea remota, lo que podría complicar el camino hacia la adopción generalizada de un transporte eficiente y de bajas emisiones.